Las serranas del arcipreste

 

Fresco electroacùstico en 5 partes creado en 2003

A partir del "Libro de buen amor" de Juan Ruiz arcipreste de Hita, clàsico de la literatura española del sigloXIV

  1. Yo libro 3'04

  2. la chata 4'36

  3. Menga llorente 6'28

  4. Gadea de Riofrìo 4'39

  5. Alda 8'37

 

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Las serranas del Arcipreste

El Libro de buen amor, uno de los pilares -tal vez el más conocido- de nuestra literatura medieval está concebido desde el comienzo como una obra moderna. En su prólogo en prosa, Juan Ruiz defiende el libro como método de conocimiento frente a la "pintura e las imagines" (la biblia pauperum) que ya están anticuadas, y no pueden responder a las demandas de una sociedad paulatinamente más exigente y problemática. El libro representa una novedad, una manera más sofisticada de acercarse a un público ávido de sensaciones nuevas al que le gusta escuchar historias y noticias. Por otra parte el gran movimiento de reforma eclesiástica que parte del Concilio de Vienne (1311) pone las bases de una profunda renovación en los sistemas de captación de un público, que sólo tiene la palabra del predicador como sostén de sus precarios conocimientos. Los predicadores ocupaban el lugar que hoy tienen los medios de comunicación de masas (y no menos ideologizados), por medio de la palabra transmiten consejos y consignas, entretienen y divierten a una parroquia cada vez más numerosa, con un carácter inequivocamente urbano.El libro de buen amor (como otros textos coetáneos) no puede entenderse sin la performance del lector, que pretende captar la atención de quienes le escuchan. Son pocos los que saben leer, y por eso el libro está concebido desde una perspectiva oral, precisa de la participación directa del lector que introduce modificaciones argumentales, cambia palabras y expresiones, interpreta el texto (muchas veces incluyendo sones populares) de modo que el sermón se convierte en un espectáculo que la propia Iglesia tuvo que reglamentar a comienzos del siglo XV.Así el carácter misceláneo del Libro de buen amor responde a la necesidad de tratar un repertorio temático variado -aunque en buena parte gira en torno al amor- para satisfacer las espectativas de un público diverso al que había que instruir deleitando. Esta libertad creativa e interpretativa -el mismo Juan Ruiz invita al que supiere para que añada nuevas coplas- permite varios planos de lectura, una diversidad de interpretaciones que la ambiguedad del texto consiente e incluso propicia. Los encuentros con las cuatro serranas (La chata, Gadea de Riofrío, Menga Lloriente y Alda) son, probablemente, de la parte conservada del Libro de buen amor los que presentan con rasgos más acusados la descripción del amor carnal o del "loco" amor, que Juan Ruiz pretende combatir con su libro. Hay además otro rasgo omnipresente en literatura erótica española: el recurso al humorismo, al chiste que mitiga la tensión que crea toda situación de intercambio sexual. Los episodios de la sierra disfrutan de cierta autonomía en el conjunto del libro, de modo que no resulta arriesgado separarlos de su contexto, con independencia de la voluntad de performance que ostentan todas y cada una de las sucesivas aventuras del autor y (fingido) protagonista. Cada uno de los encuentros refleja una parte de esos amores campestres, directos y rudos, tan lejanos del refinamiento de la ciudad (Doña Endrina y Don Melón) o de las sútiles razones del amor con tintes místicos (Doña Garoza). Lo que importa en estos episodios es buscar la chanza, la burla gratuita a costa de esos personajes que el Arcipreste pinta con trazo grueso, exagerando a veces notablemente la rudeza de su cuerpo y de sus costumbres para provocar la risa -siempre acompañada de una lección moral- en el lector-oyente.

Jose Antonio Cerezo

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